Las protestas en Irán escalaron tras los mensajes del presidente estadounidense Donald Trump, quien llamó a los manifestantes a “tomar las instituciones”, canceló contactos diplomáticos y aseguró que la ayuda de Estados Unidos “está en camino”.
Desde diciembre, las movilizaciones han pasado de reclamos económicos a un desafío político abierto contra el régimen. En ese contexto, Washington elevó el tono y dejó atrás la cautela diplomática que había mantenido hasta ahora.
El mensaje de Trump, difundido en Truth Social, marcó un punto de inflexión. No solo expresó respaldo a las protestas, sino que sugirió una ruptura con cualquier intento inmediato de negociación con Teherán.
Llamados Directos Y Ruptura Del Diálogo
El presidente estadounidense utilizó un lenguaje inusual para referirse a una protesta interna de otro país. Al pedir a los manifestantes que “tomen las instituciones”, Trump dio a entender que considera las movilizaciones como una oportunidad de cambio político profundo en Irán.
Anunció la suspensión de todas las reuniones previstas entre su Administración y representantes iraníes. Según Washington, la medida se mantendrá mientras continúe la represión contra la población civil. Con ello, la vía diplomática quedó congelada de forma indefinida.
El mensaje concluyó con una consigna que adaptó su lema político: “Make Iran Great Again”. Para sus simpatizantes, fue una muestra de liderazgo firme. Para sus críticos, una señal de que la Casa Blanca se acerca peligrosamente a una escalada.
Ese mismo día, Trump se reunió con su equipo de seguridad nacional para analizar posibles respuestas ante la situación de las protestas en Irán. Aunque no se anunciaron decisiones concretas, el solo hecho del encuentro reforzó la percepción de que se evalúan opciones más allá de la presión verbal.
Represión Interna Y Presión Desde Washington
Las protestas en Irán comenzaron de manera localizada, impulsadas por el desplome del rial y el aumento del costo de vida. Sin embargo, con el paso de las semanas, se extendieron a varias ciudades y adquirieron un carácter claramente político.
En un inicio, la respuesta del régimen fue contenida. No obstante, a medida que las movilizaciones crecieron, la represión se intensificó. Organismos internacionales y autoridades estadounidenses estiman que al menos 2,000 personas han muerto durante los operativos de seguridad.
El Departamento de Estado recomendó a los ciudadanos estadounidenses abandonar Irán lo antes posible. La advertencia se justificó por el deterioro acelerado de la seguridad y el riesgo de una escalada mayor.
Como medida adicional de presión, Washington anunció aranceles del 25% a los países que mantengan relaciones comerciales con Irán. El objetivo es aislar económicamente al régimen y elevar el costo internacional de su respuesta represiva.
Trump ha vinculado esta estrategia con acciones recientes de Estados Unidos en otros países. En discursos y declaraciones, ha insinuado que Irán podría enfrentar consecuencias similares si la situación no cambia, reforzando así el tono intimidatorio de su política exterior
Riesgos De Escalada Y Advertencias De Expertos
Pese a la retórica dura, analistas internacionales advierten sobre los riesgos de una intervención directa. Una acción militar, incluso limitada, podría reforzar el discurso oficial iraní que acusa a las protestas de estar impulsadas desde el exterior.
También existe el riesgo de un efecto contrario al buscado. Sectores de la población que aún no se han sumado a las manifestaciones podrían cerrar filas con el régimen ante una amenaza extranjera, debilitando el impulso interno del movimiento.
Expertos señalan que las protestas carecen de liderazgo centralizado y estructura formal. Esa característica las hace difíciles de controlar, pero también vulnerables a cambios bruscos en el entorno, como una intervención externa.
Otro factor clave es el papel de Israel. Analistas advierten que un ataque estadounidense podría derivar en acciones paralelas del gobierno israelí encabezado por Benjamin Netanyahu, ampliando el conflicto regional.
Desde centros de análisis europeos se subraya que los intereses de Washington y Tel Aviv no son idénticos. Mientras Estados Unidos busca evitar un conflicto prolongado, Israel prioriza debilitar de forma permanente a Irán como actor regional.
Un Escenario Abierto Y De Alta Incertidumbre
Trump ha reiterado en varias ocasiones que “no teme usar la fuerza militar” si lo considera necesario. No obstante, también ha dejado claro que prefiere operaciones rápidas y limitadas, evitando compromisos prolongados.
Esa lógica ha marcado las intervenciones aprobadas durante su mandato, caracterizadas por acciones relámpago y un bajo costo político interno. Sin embargo, Irán representa un escenario mucho más complejo.
Una intervención, incluso simbólica, podría tener consecuencias impredecibles. Desde una mayor represión interna hasta una respuesta iraní que obligue a Estados Unidos a involucrarse más de lo deseado.
Para algunos analistas, el principal riesgo es que la retórica de Trump termine generando expectativas entre los manifestantes que no puedan cumplirse. La frustración posterior podría debilitar el movimiento o agravar la violencia.
Por ahora, el discurso del presidente estadounidense ha cambiado el tablero. Al cancelar el diálogo y elevar la presión, Washington se posiciona como un actor directo en la crisis iraní. El desenlace dependerá de si esta estrategia logra presionar al régimen o si, por el contrario, profundiza una confrontación con efectos difíciles de controlar.
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